Para algunos, olvidarse su llave USB en casa supone una tragedia. Para Drew Houston, sin embargo, fue una bendición. Así surgió Dropbox, la empresa que ha atraído al cantante Bono como inversor y que fue capaz de decir ‘no’ a una multimillonaria oferta de Steve Jobs.

POR VÍCTOR GODED

Para encontrar el primer recuerdo nítido de Drew Houston hay que viajar hasta mediados de los 80. Y si se pretende decorar con gusto ese evocador paseo es necesario situarse en la sala de estar de su casa en Auston (Massachussets). Drew apenas sabía hablar, pero ya miraba fijabamente una caja brillante repleta de botones. En su mente simbolizaba un juguete, pero para su padre era un PC Junior. Este escribió en la pantalla dos líneas de código en Basic para mostrárselo. Y ese sencillo gesto despertó la curiosidad de aquel niño, similar a la que invadió a Alicia cuando vio al conejo esconderse en su madriguera en el libro de Lewis Carroll. Fue la primera vez que Drew Houston metía la cabeza en la tecnología. Y desde entonces no la ha sacado.

Tal vez ese recuerdo, el de cómo fueron sus primeros pinitos en un lenguaje que era imposible aprender en los libros del colegio, le vino a la memoria aquella mañana de 2007. Drew ya andaba por la veintena y su vida transcurría entre portátiles, ordenadores de mesa y un ajetreado y cotidiano trasvase de información entre pendrives, limitados correos electrónicos e incómodos discos duros externos. Pero ese día su cabeza dijo ‘basta’. «Iba en autobús de Boston a Nueva York y tenía un montón de cosas por hacer. Rebusqué en mis bolsillos y me di cuenta de que me había olvidado la llave USB. Entonces me dije: ‘Esto no me puede volver a pasar’». Tenía cuatro horas de viaje por delante y, en vez de pasárselas lamentándose, iba a emplearlas a conciencia, escribiendo los códigos de programación que acabaron siendo la piedra angular de Dropbox, un servicio para que los usuarios compartieran archivos en la nube.

No era la primera vez que el joven se lanzaba al mar del emprendimiento. Siempre se había ahogado. Pero fracasar, dicen, es el peaje obligatorio para alcanzar el éxito. Su primer intento fue un programa para apostar al póker con dinero real en la red. Sin embargo, los planes no le salieron bien: «Al poco tiempo se aprobó una ley que ponía muchas restricciones para los juegos de azar en internet». Se la jugó con otra carta, un curso online para ayudar a los estudiantes a preparar los exámenes de ingreso a la Universidad. Y el proyecto también hizo aguas.

Drew reunía las condiciones. Solo tenía que dar con la tecla. Había heredado la capacidad creativa de su progenitor –ingeniero– y el talento empresarial de su familia materna. Pero no todo era innato. Se había graduado en Ciencias de la Computación en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, donde desde el principio demostró dotes de liderazgo. A la primera de cambio cogió el timón de la fraternidad Phi Delta Theta: «Fue mi primera experiencia como gestor. Tenía un presupuesto de 12.000 dólares y el reto de motivar a 35 voluntarios no remunerados. Nada más asumir el cargo debes resolver cómo quieres que funcione la organización». En la Universidad también encontró a su pareja de baile para su proyecto definitivo, Arash Ferdowski, al que convenció para que le acompañara en la nueva aventura.

El amo de la nube 1Houston y Ferdowski en la primera oficina de Dropbox, en 2011, dos años después de lanzar la aplicación. En 2014, esa sede de San Francisco se quedó pequeña y la ampliaron hasta los 1.600 metros cuadrados de superficie.

 

Entre ambos prepararon un portfolio para presentar a los inversores los entresijos de Dropbox. «De entrada no les convencía porque decían que ya existían otras soluciones de almacenamiento en la nube –recuerda el CEO–. Entonces les preguntaba si usaban alguna. La respuesta, claro, era ‘no’». Pero en junio de 2007 Houston y Ferdowski pudieron brindar por fin con champán. Y Combinator  les dio el visto bueno para la financiación del proyecto, que se presentó en la conferencia TechCrunch50 del año siguiente. «Estaba claro que era necesitaria una herramienta como esta -explica Houston-. Un futuro en el que los usuarios se mandaran archivos por email o los llevaran en un USB no era viable. Estaba escrito un desenlace en el almacenamiento on line».

El momento era el ideal. Coincidió con la eclosión de los smartphones y las tablets, y su pacífica convivencia con los PC, y con el aumento de las necesidades de los usuarios de compartir información entre ellos y entre sus múltiples dispositivos. Desde entonces, Dropbox no ha dejado de crecer: en abril de 2009 tenía un millón de usuarios; dos años más tarde ya eran 50 millones, y en junio de 2015 el contador alcanzó los 400 millones. Y la cifra todavía sigue aumentando.

El boca a boca es el que ha fomentado su éxito. El 44% de las cuentas de Dropbox se crean por recomendación de un amigo. Al poco de nacer, la aplicación disponía de versiones para Android y los dispositivos de Apple, y por sus canales deambulan hoy, sin censura, decenas de miles de documentos, PDF, imágenes, vídeos, música… Solo hay un muro que no han podido derribar: Dropbox sigue prohibido en China.

Aunque lo parezca, Houston no es un tecnoadicto al uso, y reconoce que el secreto de un aplicación no siempre es su software: «La lectura es esencial. Siempre me he preguntado por qué la gente gasta tanta energía en intentar tomar un café con algún empresario famoso cuando leyendo un libro se consiguen los pensamientos más cristalinos».

Y tampoco se ha librado de verse salpicado por la polémica. En abril de 2014, varios internautas cancelaron sus cuentas como protesta por la incorporación de Condoleezza Rice -secretaria de Estados Unidos durante la presidencia de George Bush Jr.– a la junta directiva de la compañía. La web Abandona Dropbox, fundada por ese motivo, aseguraba tener «serias dudas sobre el compromiso de Drew Houston con la libertad, la amplitud de miras y a la ética». Y el ex analista de la CIA Edward Snowden arrojó más leña al fuego: «Hay que deshacerse de Dropbox. Ni admite el cifrado ni protege los archivos privados».

Pero el joven multimillonario, ajeno a todas estas habladurías, sigue en lo suyo, manteniendo su círculo de amigos: «Dicen que tienes una media de cinco personas con la que pasas la mayoría de tu tiempo. Si no hubiese estudiado en MIT, jamás habría conocido a Arash y Dropbox no existiría. Algo que he aprendido es que rodearte de personas inspiradoras es tan importante como tener talento o trabajar duro. O incluso más».


GENIO PRECOZ

El primer trabajo de Houston fue como probador de videojuegos, detectando problemas en sus versiones beta. Un día, frustrado de que los desarrolladores tardaran en corregirlas, decidió escribirles: «Chicos, he descubierto estos problemas y aquí van las soluciones». La respuesta no tardó en llegarle: «Estupendo. ¿Te interesaría trabajar con nosotros?». Fue imposible. El chaval solo tenía 14 años.El amo de la nube 2


«¿APPLE? NO, MUCHAS GRACIAS»

Apoyó la candidatura de Hillary Clinton

Silicon Valley se volcó con la candidata demócrata. El CEO de Dropbox también se unió a la iniciativa. Houston es uno de los fundadores de FWD.us, organización que aboga –entre otras cuestiones– por la reforma de la inmigración y cambios educativos en EE.UU. 

La compañía estudia su salida al parqué para 2017

Aunque en 2015 Drew Houston aseguró que no tenía planes para cotizar en bolsa, este  verano hubo una reunión con varios asesores para una posible salida. Debatieron la viabilidad de cotizar y estudiaron la valoración que obtendría en el mercado bursátil.  

Apple los intentó comprar, pero les dijeron ‘no’

En 2009, Steve Jobs invitó a Drew Houston y Arash Ferdowsi a su oficina. Les puso sobre la mesa una oferta con nueve dígitos. Dijeron que no porque confiaban en su proyecto. Ese mismo año, el servicio cambió de domino: pasó de getdropbox.com a dropbox.com.

Doce oficinas repartidas por todo el planeta

Dropbox cuenta con más de 700 empleados en cuatro continentes. Tiene cuatro sedes en Norteamérica, seis en Europa (aunque la compañía incluye entre ellas la israelí de Herzliya), una en Asia (Japón) y otra en Oceanía (Sidney).


¿CÓMO SER MILLONARIO A LOS 33?

La promesa se ha hecho realidad

Al poco de fundar Dropbox, la revista Business Week incluyó a Drew Houston en su lista como una de las personas más influyentes menores de 30 años.

1.040 millones de dólares es la fortuna que atesora Drew Houston, según Forbes.

U2 ha puesto dinero en dropbox

Bono y The Edge, cantante y guitarrista de la banda irlandesa, se convirtieron en inversores del servicio de almacenamiento en abril de 2012.

10.000 millones de dólares fue la valoración de Dropbox en 2014. 

Una plataforma global

La aplicación está disponible en 20 idiomas y tiene cuentas en más de 200 países. Se guardan 1.200 millones de archivos cada 24 horas. 

500 millones de usuarios lo usan. El 75% son de fuera de  de EE.UU.